lunes, 14 de enero de 2013
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domingo, 13 de enero de 2013
Ceferino Oliver-Capítulo I (Casa Alta 2003)
Ceferino Oliver se dio a conocer una tarde del mes de
octubre, en plena deshojación de los castaños del Parque de María de las
Mercedes, o parque de los perros, tal como era llamado por la gente del pueblo por
estar siempre lleno de perros desperezándose, rascándose, perros meones
olfateando cada uno de sus rincones, marcando sin cesar sus posesiones.
Esa tarde, Ceferino Oliver, editor, redactor, reportero e impresor de su minúscula e impenetrable empresa, editora de los panfletos causa de su imparable capacidad para crear “slogans” marca de la casa, estaba marcándose su ronda diaria en busca de nuevas aportaciones para la humanidad -tal como él las llamaba-, cuando, sin saber cómo ni porqué, se adentró por un oscuro y largo callejón. Siempre metido en sus cavilaciones no recayó en que nunca había visto esa callejuela, y siguió marchando sin dejar de rumiar.
Pronto, una leve brisa seca y helada recubrió su rostro despertándolo de su apaciguado letargo mental, y fue entonces cuando se percató de que no sabía dónde estaba. En un instante su mente repasó todo lo que pudo recordar, intentando descubrir porqué se encontraba ahí. Pero ninguna de sus explicaciones logró darle la respuesta.
Volvió a mirar a un lado y a otro. Ambos desaparecían tras el oscuro callejón, dándole una sensación de estar como flotando en el vacío. (continuará)
sábado, 12 de enero de 2013
Ceferino Oliver-Capítulo II
A su derecha, el callejón brillaba en su opacidad. Un muro de
hormigón se alzaba imparable hacia lo alto, sin un respiro, tal cual la piel de
un elefante, rugosa y seca, interminable… A su izquierda el muro estaba plagado
de minúsculas ventanas, oscuras y hondas, que subían sin cesar hacia un cielo chapado
en negro, cual alquitrán, pero opaco, sin ninguna luz destellante portadora de
una realidad ahora no existente.
Ceferino Oliver estaba perdido. Él, que tanto sabía, que
tanto promulgaba, ahora se hallaba inmerso en un mar de dudas, cavilaciones,
preguntas sin respuesta que machacaban su celebro por todos los bandos,
dejándolo en una sucesión de estados de shock que pasaban por un coma
momentáneo seguido de una epilepsia frenética que lo retornaba al coma. Y así
durante un tiempo indescriptible que, en realidad, no fueron más que unos pocos
segundos. Pero el tiempo y el espacio ya no eran reconocibles por Ceferino
Oliver, cuya nueva perspectiva iba más allá de esta dimensión.
viernes, 11 de enero de 2013
Ceferino Oliver-Capítulo III
Su percepción de todo lo conocible le provocaba una infinidad
de nuevas sensaciones nunca antes experimentadas por su cuerpo, hábil de experiencias,
pues se había pasado la vida buscando los porqués y diagnosticando para cada
caso una breve pero implacable solución. En su vida había un slogan por encima
de todo: “CONOCE”, y ahora se encontraba perdido en un mundo que no conocía,
mamando sensaciones nunca antes experimentadas, a merced de una realidad nada
real, inexplicable…
Pero Ceferino Oliver no podía estar mucho tiempo sin comprender, su mente adiestrada para encontrar la respuesta a cualquier situación que le deparase la vida le ofrecía la posibilidad de reflexión. Respiró profundamente con los ojos cerrados, intentando por última vez creer que todo era un sueño, pero sabiendo que, de no ser así, su mecanismo cerebral se pondría en marcha, pues -no en vano- era Ceferino Oliver.