lunes, 14 de enero de 2013

Txt 15


Y ahora que estoy hecho una leyenda volvió a darme en la parte de arriba, entre las 10 y las 12h, con detenimiento. Me dolió una barbaridad.
Con la mirada en los hechos principales como aspirante producto de la obsesión, no tenía nada mejor que hacer. Por eso les importó que empezara a hablar con más cojones, como un acto de rebeldía, desnuda, sencilla, de tal manera que, con todas sus debilidades de sinvergüenza y soberanía, debe de haberles llevado años ir hasta la sensación irracional. Cosa que me consuela de una sociedad abierta de miras.

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Me acuerdo de que un día supo dar con la frase en su propio país. Y aceptó con la mirada. El día había sido largo. Luego, puso a su interlocutor a los pies de la cama. La realidad se tiende de golpe, me parece, aunque, habitualmente, en los libros va disolviéndose como el vino caliente.
Nos  separamos al amanecer. No dije nada.

Txt 13


Cubrió la herida a los más viejos
que hasta el día de hoy
tuviesen cabida en este mundo.
Simultáneamente,
se parecen a las estrellas.
Y ahora incluso
justas recompensas sumidas en la lectura,
bastante distinta y hecha jirones,
en esta casa vacía
y cerrada,
que aflige y consuela,
destinada sólo para mirarla
en la medida de las posibilidades-
¡Cuántos milagros!

Txt 12

Encontramos un par de bolsillos
que nos ofrecen una localidad
para el nuevo futuro presentado.

- Mírala - risas

Oyentes en su primera incursión
al mismo discurso.

¿Quién no recuerda
el show optimista,
pero poco cuidado,
del actor ya decrépito?

domingo, 13 de enero de 2013

Ceferino Oliver-Capítulo I (Casa Alta 2003)



 

Ceferino Oliver se dio a conocer una tarde del mes de octubre, en plena deshojación de los castaños del Parque de María de las Mercedes, o parque de los perros, tal como era llamado por la gente del pueblo por estar siempre lleno de perros desperezándose, rascándose, perros meones olfateando cada uno de sus rincones, marcando sin cesar sus posesiones.

Esa tarde, Ceferino Oliver, editor, redactor, reportero e impresor de su minúscula e impenetrable empresa, editora de los panfletos causa de su imparable capacidad para crear “slogans” marca de la casa, estaba marcándose su ronda diaria en busca de nuevas aportaciones para la humanidad -tal como él las llamaba-, cuando, sin saber cómo ni porqué, se adentró por un oscuro y largo callejón. Siempre metido en sus cavilaciones no recayó en que nunca había visto esa callejuela, y siguió marchando sin dejar de rumiar.

Pronto, una leve brisa seca y helada recubrió su rostro despertándolo de su apaciguado letargo mental, y fue entonces cuando se percató de que no sabía dónde estaba. En un instante su mente repasó todo lo que pudo recordar, intentando descubrir porqué se encontraba ahí. Pero ninguna de sus explicaciones logró darle la respuesta.

Volvió a mirar a un lado y a otro. Ambos desaparecían tras el oscuro callejón, dándole una sensación de estar como flotando en el vacío. (continuará)

sábado, 12 de enero de 2013

Ceferino Oliver-Capítulo II


A su derecha, el callejón brillaba en su opacidad. Un muro de hormigón se alzaba imparable hacia lo alto, sin un respiro, tal cual la piel de un elefante, rugosa y seca, interminable… A su izquierda el muro estaba plagado de minúsculas ventanas, oscuras y hondas, que subían sin cesar hacia un cielo chapado en negro, cual alquitrán, pero opaco, sin ninguna luz destellante portadora de una realidad ahora no existente.

Ceferino Oliver estaba perdido. Él, que tanto sabía, que tanto promulgaba, ahora se hallaba inmerso en un mar de dudas, cavilaciones, preguntas sin respuesta que machacaban su celebro por todos los bandos, dejándolo en una sucesión de estados de shock que pasaban por un coma momentáneo seguido de una epilepsia frenética que lo retornaba al coma. Y así durante un tiempo indescriptible que, en realidad, no fueron más que unos pocos segundos. Pero el tiempo y el espacio ya no eran reconocibles por Ceferino Oliver, cuya nueva perspectiva iba más allá de esta dimensión. (continuará)

viernes, 11 de enero de 2013

Ceferino Oliver-Capítulo III



Su percepción de todo lo conocible le provocaba una infinidad de nuevas sensaciones nunca antes experimentadas por su cuerpo, hábil de experiencias, pues se había pasado la vida buscando los porqués y diagnosticando para cada caso una breve pero implacable solución. En su vida había un slogan por encima de todo: “CONOCE”, y ahora se encontraba perdido en un mundo que no conocía, mamando sensaciones nunca antes experimentadas, a merced de una realidad nada real, inexplicable…

Pero Ceferino Oliver no podía estar mucho tiempo sin comprender, su mente adiestrada para encontrar la respuesta a cualquier situación que le deparase la vida le ofrecía la posibilidad de reflexión. Respiró profundamente con los ojos cerrados, intentando por última vez creer que todo era un sueño, pero sabiendo que, de no ser así, su mecanismo cerebral se pondría en marcha, pues -no en vano- era Ceferino Oliver.